Fortalezas y debilidades de los mayores

Article del doctor en Didactologia de les Llengües i les Cultures Manuel Cabezas

La pandemia de la Covid-19 ha provocado un incremento de las consultas por parte de los mayores tanto para hacer testamento como para desheredar a los hijos ingratos. “Si no te cuidan, que no hereden”, han pensado muchos mayores.

Debido a la edad, los mayores sufren un proceso gradual, natural e inevitable de declive físico, fisiológico, psicológico, social y económico, que son síntomas evidentes de las debilidades de los mayores. A pesar de esto, los mayores conservan unos poderes, que deberían utilizar para preservar su dignidad y bienestar.

Éstos son sus poderes

Los mayores son el grupo más numeroso y más decisivo electoralmente. Ellos tienen la sartén por el mango. Los de la casta política deben contar con ellos para ser elegidos. Y, por lo tanto, estos yonquis del poder siempre estarán dispuestos o a engañarlos o a concederles todo lo que les pidan, para poder satisfacer sus apetitos desenfrenados y patológicos de poder.

Además, los mayores han sido, en general, hormigas hacendosas y no cigarras jaraneras. Y llegado el otoño de sus vidas, no suelen tener deudas y sí un cierto patrimonio (vivienda propia, algunso ahorros y una pensión). Y con la fórmula de la hipoteca inversa, su situación económica es o podría ser envidiable, autónoma e independiente de la de sus retoños.

 

Y éstas, sus debilidades

Ahora bien, los mayores tienen debilidades. Algunas son congénitas e inevitables: achaques de salud y deterioro de los sentidos. Otras, los mayores las han ido creando y alimentando a lo largo de sus vidas: déficit de amigos, soledad, aislamiento, descapitalización, falta de lazos afectivos, etc.

Ergo

Las claves para un “envejecimiento óptimo” y para prevenir estas debilidades están en mantener activo el cuerpo, en mantener activo el cerebro y en mantener y ampliar las relaciones sociales. Como aconseja Paca Tricio, “la muerte va a llegar, pero tienes que procurar llegar viva a la muerte”. ¡Que no se diga que moriste a los 38 años y te enterraron a los 83!